Ryu y Lily nos llevaron a la parte trasera de la casa. Era como un jardín de una casa normal, pero el triple de grande, y en él había superficie plana con suelo de madera.
—Aquí es donde entrenamos todos, equipo A y equipo B, y como está libre hoy os pondremos a prueba aquí —dijo Lily.
Ryu se detuvo y me miró fijamente.
—Ten en cuenta que mi poder es el fuego —dijo—, y no va a ser nada fácil vencerme. Aunque no te preocupes, me caes bien y no te lo pondré difícil.
—¿Tu poder es el fuego? —preguntó Simon.
—Creo que ya os lo dije —respondió Ryu con cara de estar molesto.
—¡Hala, que chulo! ¿Y puedes comer fuego como Natsu?
—¿Qué? ¡No! —dijo Ryu con la misma cara— Bueno, una vez lo intenté.
Hubo silencio.
—Y... ¿qué paso? —pregunté, ya que nadie decía nada y el silencio era cada vez más incómodo.
—Acabé en el hospital —respondió sin ninguna expresión en la cara.
Nadie dijo nada, así que Ryu sugerió empezar ya la prueba. Nos colocamos en el centro de la pista de madera, mirándonos de frente. Simon y Lily estaban sentados en un banco que había al lado, observando. Lily hizo la señal para empezar la pelea. No sabía que movimiento hacer, así que no hice nada y esperé a que Ryu elaborase el primer movimiento. Estuvo parado unos segundos, con las piernas separadas, y, en un abrir y cerrar de ojos, dió un brinco y se elevó por los aires.
—¡Oye, eso no vale! ¡Ryu sabe volar! —dije gritando, mirando a Lily y señalando a Ryu.
—¡Daichi, cuidado! —gritó Simon.
Unas bolas de fuego venían hacia mi y las esquivé justo a tiempo. Ryu continuó lanzando bolas de fuego desde el cielo mientras que yo las esquivaba con acrobacias, mientras escuchaba a Lily decir: “¡Es bueno!”. Ryu no parecía querer bajar y luchar cuerpo a cuerpo.
—¡Baja aquí y pelea como un hombre! —le grité.
De pronto, desapareció de mi vista. Apareció detrás mía.
—Me gusta tu estilo —dijo de brazos cruzados.
A continuación, me dió una patada baja en el tobillo y caí al suelo. Al abrir los ojos ví que seguía detrás mía con los brazos cruzados, sonriendo. Me levanté y no sentía nungún dolor, de hecho, me sentía lleno de energía. Intenté darle un puñetazo mientras me levantaba, pero Ryu fue rápido y lo esquivó. Seguí intentando darle con los puños pero su velocidad aumentaba cada vez más. Tanto, que parecía un ninja intentando marear a su adversario. Se colocaba cerca mía siempre, pero en todas las direcciones. Era difícil saber donde estaba, así que intenté concentrarme en localizarlo en lugar de en usar todas mis fuerzas en golpearle. Cerré los ojos y lo sentí. Sentí por donde venía.
—¡Izquierda! -grité.
Ryu se detuvo a mi izquierda para darme un puñetazo, pero puse mis brazos en cruz para usarlos como escudo. Sus manos estaban muy calientes, pero conseguí aguantar. Ryu se quedó perplejo. Era mi oportunidad. Le di una patada en la barriga con todas mis fuerzas y conseguí hacerle daño.
—Para eso le han servido 8 horas semanales de clases de artes marciales —se dijo Simon a sí mismo, pretendiendo que le escucharan todos.
Ryu tenía las manos puestas en la barriga y estaba tosiendo. Me preocupé un poco.
—¿Estás bien? —le dije.
—Estoy impresionado —me respondió mientras levantaba la cabeza para mirarme a los ojos—. Me atrevería a decir que eres y serás una de las mejores decisiones que tomaré en mi vida.
Me sentía completamente encendido, con ganas de más. Había disfrutado cada momento desde que empezó la pelea. Ryu y yo quisimos seguir hasta que no pudieramos más, y lo hicimos. Pasó una hora y media y estabamos llenos de sudor y rasguños. Paramos un rato para tomar aliento, y Lily nos interrumpió.
—Será mejor que descanséis, ¿no? —dijo levantandose del banco— Además, ahora nos toca a Simon y a mi.
Ryu y yo no dijimos nada, simplemente nos fuimos a por algo de agua y unas toallas. Cuando ya las cogimos, nos sentamos en el banco los dos. Estabamos tan acalorados que nos quitamos la camiseta. Me quedé mirando a Ryu mientras bebía agua, y cuando me miró, soltó una risita y me paso el brazo por los hombros.
—Muy bien hecho, campeón —me dijo con un tono muy alegre.
—Tú también has estado genial —dije— eres sorprendente.
Ryu, sin apartar aún el brazo, me apretujó como su fuera un peluche.
—¡Tú y yo vamos a ser muy buenos compañeros! —me dijo sonriendo. Le devolví la sonrisa y nos chocamos la mano.
Giré la cabeza para fijarme en Lily y Simon. Estaban a punto de comenzar. Lily y Simon estaban ya colocados para empezar. Lily le miraba sin preocupación. Su cara expresaba que tenía claro que iba a ganar ella, mientras que por un lado Simon sonreía. Despues de ver los alucinantes poderes de Ryu, lo que Simon quería conseguir era desarrollar su propia habilidad. Él hizo el primer movimiento. Se acercó a Lily lo máximo posible e intentó darle un golpe en la cara, pero ella lo esquivó poniendo sus antrebrazos.
—No va a ser tan fácil como piensas —dijo Lily, y apartó los brazos de la cara—. Espero que no pienses que me vas a ganar solo por ser una chica.
Simon seguía intentando que su poder funcionara, concentrándose mucho en sacarlo. No sabía como, pero lo intentaba. De pronto, Lily fue a darle un puñetazo en la cabeza pero pudo esquivarlo con la palma de la mano. El golpe era muy fuerte y tenía que empujar la mano hacia ella para que no le diera. Entonces, éste empezó a sentir un frío extraño. «¿Frío? —pensó— Pero si hace calor y encima llevo sudadera». Lily también sintió frío, pero sólo en la mano. Ryu les observaba y pensaba, y yo le miré.
—¿Ocurre algo? —le dije.
—Me estoy haciendo una idea del poder de Simon.
—¿Cómo? ¿Eso se puede saber?
—No, pero fíjate bien —dijo Ryu, sin mirarme a los ojos—. Simon está temblando un poco y Lily le está dando calor a su mano. Eso podría ser que tu hermano está empezando a desarrollar el poder de congelación.
Me fijé bien en el combate por si pasaba algo interesante que pudiera confirmar que Simon tenía ese poder. Solo había puñetazos, unos esquivados y otros no.
—Vale, chico. Vamos a hacer esto más interesante.
Las manos de Lily empezaron a ser rodeadas por un aura de color morado que se iba haciendo cada vez mas grande. Finalmente, ese aura se convirtió en dos pistolas normales y corrientes.
—¡¿Armas de fuego?! —gritó Simon— ¿Pero es que me quieres matar?
—¡Tranquilo! No te harán tanto daño como piensas —respondió ella.
Lily apuntó una de las pistolas en la frente de Simon y disparó. Sorprendentemente, no disparaba balas, sino una especie de bolitas brillantes pequeñas de color morado. La bola golpeó a Simon en la frente y sonó algo similar a una explosión muy pequeña. Simon no sintió mucho dolor, sólo un poco de picor.
—Eso es el mínimo daño que te puede hacer un arma como esta. Cuanto más apriete el gatillo, más dolor sentirás.
Y con las dos pistolas apuntándole, Lily disparó un poco más fuerte que antes. Simon se movió hacia la derecha y no fue golpeado por las dos bolas que iban hacia él. Lily seguía disparando cada vez más rápido, Simon se movía corriendo hacia la derecha para esquivarlas y Lily se giraba —sin moverse del sitio— para poder darle. Volvió a sentir el mismo frío de antes y sintió que no podía controlar sus brazos. Estos se movieron para esquivar las bolas con la mano. En mi cabeza pensé que sería inutil, porque sentiría el dolor en las manos. Entonces se le pararon los pies y detuvo dos bolas con las dos manos, mientras que cada vez las sentía más frías. En su cabeza solo podía pensar que qué es lo que estaba sucediendo. Lo sorprendente no era que paró las bolas con las manos sin recibir ningún daño, sino que en sus manos había trozos de hielo que habían parado las bolas.
—¿Y esto? —se dijo, y estuvo callado unos segundos— ¡Un momento!
El chico se dio cuenta de que ese podría ser su poder, la congelación. Se concentró mucho en su mano, cerró los ojos y sin darse cuenta, creó una enorme bola de hielo del tamaño de su cabeza. Se puso a gritar de lo impresionado que estaba, pero Lily le interrumpió diciéndole que el combate continuaba.
Simon quiso usar su poder durante el resto del combate. Extendió su mano derecha y surgieron tres trozos de hielo puntiagudos. Los lanzó moviendo su brazo hacia atrás y luego hacia delante. Casi golpeaban a Lily, pero se derritieron antes de que pudieran darle.
—Aún tiene que mejorarla —dijo Ryu, poniendose la camiseta de nuevo. Daichi hizo lo mismo—. Acaba de empezar a usarla y no le será fácil manejarla a la perfección. El combate que está teniendo con Lily le vendrá perfecto.
Simon hizo lo mismo de antes y pasó igual. Lo volvió a repetir, esta vez con más concentración. Los trozos de hielo iban tan veloces que Lily casi no los podía ver. Estaban a punto de darle, pero lo esquivó a tiempo. Lily estaba sorprendida.
—¡Toma ya! ¿Qué te ha parecido eso? —gritó Simon señalando a Lily.
—No está mal, niño —respondió ella—, no está mal.
Los dos siguieron con el combate. No hubo nada nuevo. Simon lanzaba hielo y Lily lo esquivaba.
—¡Simon, se está haciendo un poco tarde! —dije.
—¡Es verdad! Ya es casi hora de darse un baño y cenar —dijo Ryu— ¡Hey, podeis parar ya!
Simon y Lily pararon. Estaban agotados, pero no igual que Ryu y yo cuando acabamos con el nuestro. El cielo empezó a nublarse mucho y se escucharon truenos. Ryu empezó a preocuparse mucho.
—¿Qué te pasa? Será solo una tormenta —dije.
—Tengo un mal presentimiento —de repente se levantó— Vamos a meternos en casa, ¡rápido!
Mi hermano iba delante, corriendo. Miró hacia atras para ver si me veía. Entonces algo apareció de la nada delante de él. Era una persona.
—¡Mierda! —gritó Ryu.
Simon se chocó con esa persona y calló al suelo. Era un hombre, un poco más mayor que Ryu. No era muy alto, pero estaba bastante rellenito. Era bastante desagradable, tenía la cara llena de granos y el pelo corto de un color gris oscuro.
—¡Vaya, vaya, vaya! —dijo. Incluso su voz aguda era desagradable.
—¡Tú! —dijo Ryu parándose y señalándole.
—Así que habéis traído a estos niñitos a nuestro mundo —dijo el hombre.
Cogió a Simon del cuello y lo levantó del suelo, mientras le miraba con una sonrisa malvada.
—¡Oye, suelta a mi hermano! —grité.
—¿Este es tu hermano? Qué mono es. ¿Cuantos añitos tiene? —dijo sin parecer que le importase.
—Eso no te importa, ¡cara culo! —le dijo Simon— ¡Y me estás haciendo daño en el cuello!
—¡Warty, suelta al niño! —gritó Ryu muy serio.
—¡Ni hablar! Esta cosita será muy valiosa en Kurokai —dijo, y se rió— ¡Nos vemos!
Entonces ese hombre desapareció con un trueno, llevándose consigo a Simon.
—No te preocupes —me dijo Ryu, limpiándome una lágrima que me salió sin darme cuenta—. Salvaré a tu hermano.
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¡Muchas gracias por leer!
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