9 may 2015

Capítulo 6. U-Bahn Arc.

Ryu y Lily nos llevaron a la parte trasera de la casa. Era como un jardín de una casa normal, pero el triple de grande, y en él había superficie plana con suelo de madera.
—Aquí es donde entrenamos todos, equipo A y equipo B, y como está libre hoy os pondremos a prueba aquí —dijo Lily.
Ryu se detuvo y me miró fijamente.
—Ten en cuenta que mi poder es el fuego —dijo—, y no va a ser nada fácil vencerme. Aunque no te preocupes, me caes bien y no te lo pondré difícil.
—¿Tu poder es el fuego? —preguntó Simon.
—Creo que ya os lo dije —respondió Ryu con cara de estar molesto.
—¡Hala, que chulo! ¿Y puedes comer fuego como Natsu?
—¿Qué? ¡No! —dijo Ryu con la misma cara— Bueno, una vez lo intenté.
Hubo silencio.
—Y... ¿qué paso? —pregunté, ya que nadie decía nada y el silencio era cada vez más incómodo.
—Acabé en el hospital —respondió sin ninguna expresión en la cara.
Nadie dijo nada, así que Ryu sugerió empezar ya la prueba. Nos colocamos en el centro de la pista de madera, mirándonos de frente. Simon y Lily estaban sentados en un banco que había al lado, observando. Lily hizo la señal para empezar la pelea. No sabía que movimiento hacer, así que no hice nada y esperé a que Ryu elaborase el primer movimiento. Estuvo parado unos segundos, con las piernas separadas, y, en un abrir y cerrar de ojos, dió un brinco y se elevó por los aires.
—¡Oye, eso no vale! ¡Ryu sabe volar! —dije gritando, mirando a Lily y señalando a Ryu.
—¡Daichi, cuidado! —gritó Simon.
Unas bolas de fuego venían hacia mi y las esquivé justo a tiempo. Ryu continuó lanzando bolas de fuego desde el cielo mientras que yo las esquivaba con acrobacias, mientras escuchaba a Lily decir: “¡Es bueno!”. Ryu no parecía querer bajar y luchar cuerpo a cuerpo.
—¡Baja aquí y pelea como un hombre! —le grité.
De pronto, desapareció de mi vista. Apareció detrás mía.
—Me gusta tu estilo —dijo de brazos cruzados.
A continuación, me dió una patada baja en el tobillo y caí al suelo. Al abrir los ojos ví que seguía detrás mía con los brazos cruzados, sonriendo. Me levanté y no sentía nungún dolor, de hecho, me sentía lleno de energía. Intenté darle un puñetazo mientras me levantaba, pero Ryu fue rápido y lo esquivó. Seguí intentando darle con los puños pero su velocidad aumentaba cada vez más. Tanto, que parecía un ninja intentando marear a su adversario. Se colocaba cerca mía siempre, pero en todas las direcciones. Era difícil saber donde estaba, así que intenté concentrarme en localizarlo en lugar de en usar todas mis fuerzas en golpearle. Cerré los ojos y lo sentí. Sentí por donde venía.
—¡Izquierda! -grité.
Ryu se detuvo a mi izquierda para darme un puñetazo, pero puse mis brazos en cruz para usarlos como escudo. Sus manos estaban muy calientes, pero conseguí aguantar. Ryu se quedó perplejo. Era mi oportunidad. Le di una patada en la barriga con todas mis fuerzas y conseguí hacerle daño.
—Para eso le han servido 8 horas semanales de clases de artes marciales —se dijo Simon a sí mismo, pretendiendo que le escucharan todos.
Ryu tenía las manos puestas en la barriga y estaba tosiendo. Me preocupé un poco.
—¿Estás bien? —le dije.
—Estoy impresionado —me respondió mientras levantaba la cabeza para mirarme a los ojos—. Me atrevería a decir que eres y serás una de las mejores decisiones que tomaré en mi vida.
Me sentía completamente encendido, con ganas de más. Había disfrutado cada momento desde que empezó la pelea. Ryu y yo quisimos seguir hasta que no pudieramos más, y lo hicimos. Pasó una hora y media y estabamos llenos de sudor y rasguños. Paramos un rato para tomar aliento, y Lily nos interrumpió.
—Será mejor que descanséis, ¿no? —dijo levantandose del banco— Además, ahora nos toca a Simon y a mi.
Ryu y yo no dijimos nada, simplemente nos fuimos a por algo de agua y unas toallas. Cuando ya las cogimos, nos sentamos en el banco los dos. Estabamos tan acalorados que nos quitamos la camiseta. Me quedé mirando a Ryu mientras bebía agua, y cuando me miró, soltó una risita y me paso el brazo por los hombros.
—Muy bien hecho, campeón —me dijo con un tono muy alegre.
—Tú también has estado genial —dije— eres sorprendente.
Ryu, sin apartar aún el brazo, me apretujó como su fuera un peluche.
—¡Tú y yo vamos a ser muy buenos compañeros! —me dijo sonriendo. Le devolví la sonrisa y nos chocamos la mano.
Giré la cabeza para fijarme en Lily y Simon. Estaban a punto de comenzar. Lily y Simon estaban ya colocados para empezar. Lily le miraba sin preocupación. Su cara expresaba que tenía claro que iba a ganar ella, mientras que por un lado Simon sonreía. Despues de ver los alucinantes poderes de Ryu, lo que Simon quería conseguir era desarrollar su propia habilidad. Él hizo el primer movimiento. Se acercó a Lily lo máximo posible e intentó darle un golpe en la cara, pero ella lo esquivó poniendo sus antrebrazos.
—No va a ser tan fácil como piensas —dijo Lily, y apartó los brazos de la cara—. Espero que no pienses que me vas a ganar solo por ser una chica.
Simon seguía intentando que su poder funcionara, concentrándose mucho en sacarlo. No sabía como, pero lo intentaba. De pronto, Lily fue a darle un puñetazo en la cabeza pero pudo esquivarlo con la palma de la mano. El golpe era muy fuerte y tenía que empujar la mano hacia ella para que no le diera. Entonces, éste empezó a sentir un frío extraño. «¿Frío? —pensó— Pero si hace calor y encima llevo sudadera». Lily también sintió frío, pero sólo en la mano. Ryu les observaba y pensaba, y yo le miré.
—¿Ocurre algo? —le dije.
—Me estoy haciendo una idea del poder de Simon.
—¿Cómo? ¿Eso se puede saber?
—No, pero fíjate bien —dijo Ryu, sin mirarme a los ojos—. Simon está temblando un poco y Lily le está dando calor a su mano. Eso podría ser que tu hermano está empezando a desarrollar el poder de congelación.
Me fijé bien en el combate por si pasaba algo interesante que pudiera confirmar que Simon tenía ese poder. Solo había puñetazos, unos esquivados y otros no.
—Vale, chico. Vamos a hacer esto más interesante.
Las manos de Lily empezaron a ser rodeadas por un aura de color morado que se iba haciendo cada vez mas grande. Finalmente, ese aura se convirtió en dos pistolas normales y corrientes.
—¡¿Armas de fuego?! —gritó Simon— ¿Pero es que me quieres matar?
—¡Tranquilo! No te harán tanto daño como piensas —respondió ella.
Lily apuntó una de las pistolas en la frente de Simon y disparó. Sorprendentemente, no disparaba balas, sino una especie de bolitas brillantes pequeñas de color morado. La bola golpeó a Simon en la frente y sonó algo similar a una explosión muy pequeña. Simon no sintió mucho dolor, sólo un poco de picor.
—Eso es el mínimo daño que te puede hacer un arma como esta. Cuanto más apriete el gatillo, más dolor sentirás.
Y con las dos pistolas apuntándole, Lily disparó un poco más fuerte que antes. Simon se movió hacia la derecha y no fue golpeado por las dos bolas que iban hacia él. Lily seguía disparando cada vez más rápido, Simon se movía corriendo hacia la derecha para esquivarlas y Lily se giraba —sin moverse del sitio— para poder darle. Volvió a sentir el mismo frío de antes y sintió que no podía controlar sus brazos. Estos se movieron para esquivar las bolas con la mano. En mi cabeza pensé que sería inutil, porque sentiría el dolor en las manos. Entonces se le pararon los pies y detuvo dos bolas con las dos manos, mientras que cada vez las sentía más frías. En su cabeza solo podía pensar que qué es lo que estaba sucediendo. Lo sorprendente no era que paró las bolas con las manos sin recibir ningún daño, sino que en sus manos había trozos de hielo que habían parado las bolas.
—¿Y esto? —se dijo, y estuvo callado unos segundos— ¡Un momento!
El chico se dio cuenta de que ese podría ser su poder, la congelación. Se concentró mucho en su mano, cerró los ojos y sin darse cuenta, creó una enorme bola de hielo del tamaño de su cabeza. Se puso a gritar de lo impresionado que estaba, pero Lily le interrumpió diciéndole que el combate continuaba.
Simon quiso usar su poder durante el resto del combate. Extendió su mano derecha y surgieron tres trozos de hielo puntiagudos. Los lanzó moviendo su brazo hacia atrás y luego hacia delante. Casi golpeaban a Lily, pero se derritieron antes de que pudieran darle.
—Aún tiene que mejorarla —dijo Ryu, poniendose la camiseta de nuevo. Daichi hizo lo mismo—. Acaba de empezar a usarla y no le será fácil manejarla a la perfección. El combate que está teniendo con Lily le vendrá perfecto.
Simon hizo lo mismo de antes y pasó igual. Lo volvió a repetir, esta vez con más concentración. Los trozos de hielo iban tan veloces que Lily casi no los podía ver. Estaban a punto de darle, pero lo esquivó a tiempo. Lily estaba sorprendida.
—¡Toma ya! ¿Qué te ha parecido eso? —gritó Simon señalando a Lily.
—No está mal, niño —respondió ella—, no está mal.
Los dos siguieron con el combate. No hubo nada nuevo. Simon lanzaba hielo y Lily lo esquivaba.
—¡Simon, se está haciendo un poco tarde! —dije.
—¡Es verdad! Ya es casi hora de darse un baño y cenar —dijo Ryu— ¡Hey, podeis parar ya!
Simon y Lily pararon. Estaban agotados, pero no igual que Ryu y yo cuando acabamos con el nuestro. El cielo empezó a nublarse mucho y se escucharon truenos. Ryu empezó a preocuparse mucho.
—¿Qué te pasa? Será solo una tormenta —dije.
—Tengo un mal presentimiento —de repente se levantó— Vamos a meternos en casa, ¡rápido!
Mi hermano iba delante, corriendo. Miró hacia atras para ver si me veía. Entonces algo apareció de la nada delante de él. Era una persona.
—¡Mierda! —gritó Ryu.
Simon se chocó con esa persona y calló al suelo. Era un hombre, un poco más mayor que Ryu. No era muy alto, pero estaba bastante rellenito. Era bastante desagradable, tenía la cara llena de granos y el pelo corto de un color gris oscuro.
—¡Vaya, vaya, vaya! —dijo. Incluso su voz aguda era desagradable.
—¡Tú! —dijo Ryu parándose y señalándole.
—Así que habéis traído a estos niñitos a nuestro mundo —dijo el hombre.
Cogió a Simon del cuello y lo levantó del suelo, mientras le miraba con una sonrisa malvada.
—¡Oye, suelta a mi hermano! —grité.
—¿Este es tu hermano? Qué mono es. ¿Cuantos añitos tiene? —dijo sin parecer que le importase.
—Eso no te importa, ¡cara culo! —le dijo Simon— ¡Y me estás haciendo daño en el cuello!
—¡Warty, suelta al niño! —gritó Ryu muy serio.
—¡Ni hablar! Esta cosita será muy valiosa en Kurokai —dijo, y se rió— ¡Nos vemos!
Entonces ese hombre desapareció con un trueno, llevándose consigo a Simon.
—No te preocupes —me dijo Ryu, limpiándome una lágrima que me salió sin darme cuenta—. Salvaré a tu hermano.

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¡Muchas gracias por leer! 

1 abr 2015

Capítulo 5. U-Bahn Arc.

Una pequeña cosa antes de que empieces a leer el capítulo:
Siento mucho la tardanza por los capítulos. Se que son cortos y tardo mucho en publicarlos, así que intentaré evitar esto.

La chica se paró en frente nuestra y nos miró. Hubo un instante de silencio. Esta escondía su brazo izquierdo detrás de la espalda, como si quisiera ocultar algo. Simon y yo no hicimos nada, yo decidí esperar a que ella dijera algo.
—¿Quiénes sois? —dijo.
—Venimos de la Tierra. ¿Te suena? —respondí, sin ningún miedo.— Ryu nos acaba de traer aquí, pero por ahora no tenemos nada que hacer.
La chica se quedó en silencio por un momento.
—Así que vosotros sois los nuevos. Qué poco ha tardado en traer más gente. —dijo, sin expresividad en la cara. —Habéis de saber que ese tipo trae a mucha gente aquí. La mayoría regresan a casa por miedo, otros no sobreviven y algunos se quedan aquí a vivir felizmente.
—¿Cómo? —dije, un poco asustado.
—Lo siento, tengo cosas que hacer.
La chica dio un paso, pero Simon la interrumpió.
—Oye, oye. —dijo él, elevando un poco el tono de voz.— ¿Quién eres tú?
—Mi nombre es Shimizu Chiro, soy japonesa y tengo 12 años. —dijo ella, tan tranquila como cuando empezamos a hablar. Se ve que es una chica seria.— Pertenezco al equipo B.
—¿En serio una niñita como tú pelea? —dijo Simon, sin tener en cuenta que él era menor que ella.
Le di un codazo a Simon, para que mantuviera el pico cerrado por un ratito, que a veces se le va la olla. Quería saber cuantas más cosas mejor, así que intenté que la conversación con esa tal Shimizu siguiera.
—¿Entonces eres del equipo B? —pregunté.— ¿Vives aquí?
—Sí. ¿Por qué lo dices tan extrañado?
—No, por nada. —respondí nervioso.— Es que se te ve un poco... Bueno, que no te imaginaría peleando contra el mal y esas cosas. Es decir, eres una niña... y pareces...
—¿Débil?
Shimizu parecía un poco enfadada, pero no se notaba mucho. Estaba poniéndome nervioso y no sabía que contestar. Saco su brazo de detrás de la espalda y se quitó el guante que le cubría todo el brazo. No podía creer lo que estaba viendo, tenía todo el brazo de metal, como un robot. Apuntó el brazo hacia nosotros y este se empezó a convertir poco a poco en una gigantesca arma lanza-misiles, que podía disparar 8 veces al mismo tiempo, haciendo sonido chirriante. Simon se cayó al suelo del susto, pero yo permanecía inmóvil, asombrado por lo que veía, pensando que si cosas como esta serían normales en este mundo.
—Ya que lo sabéis, espero que no me habléis como si fuera una renacuaja debilucha. —dijo, mientras el arma comenzaba a recuperar la forma de brazo que tenía.— Y no hagáis preguntas, Daichi y Simon.
Shimizu se puso el guante y se largó. No me sorprendió que se supiera nuestro nombre, seguro que Ryu ya lo estaba contando por ahí. Le di la mano a Simon para que pudiera levantarse, y le dije que a veces se comportaba como un completo estúpido, pero no se lo tomó mal. Me conoce, y ya sabe que no lo decía con mala intención. A continuación, seguimos andando hacia adelante.
El pasillo estaba oscuro, solo unos pocos rayos de luz entraban por las ventanas. La decoración me recordó a la de un palacio antiguo. Había habitaciones a la derecha y ventanas a la izquierda. Entre ventana y ventana había una mesita con un jarrón lleno de flores en ella. El sitio era bonito y acogedor, pero bastante grande como para vivir solo. De pronto, se me vino a la cabeza que puede que las personas que Simon y yo hemos visto —Ryu, Lily, Alice y Shimizu— no son las únicas que viven en esta enorme casa. Y estaba en lo cierto.
En la habitación siguiente se escuchaba el sonido de un piano. Era una melodía alegre y tranquila. Llamé a la puerta para ver de quién se trataba. Una voz femenina dijo: “Adelante”. Entonces abrí la puerta. Me encontré con una habitación grande, con muebles normales y corrientes. La decoración era típica de una chica: pintura rosa, posters en la pared, peluches, etc., aunque lo que más llamaba la atención era el piano de cola en el centro de la habitación. La chica estaba sentada en frente del piano, tocando la melodía, pero paró cuando nos vio y la pude ver bien. Era una chica de la misma edad y altura que Lily y Alice, con el pelo rosa y largo y ojos marrones. No se me ocurrió nada más que decir “hola”, ya sin timidez, acostumbrado a toparme con gente extraña. La chica, sin ponerse de pie y sin apartar la vista de nosotros, nos dijo:
—Vosotros sois los chicos nuevos, ¿no? —su voz era muy dulce.
—Eh... sí. Somos los nuevos, sí. —dije mientras giraba la cabeza por nervios. Aunque intente evitarlo, siempre he sido un chico tímido al que le cuesta hablar con gente nueva— Bueno, acabamos de llegar hace nada y eso... y nos quedaremos aquí.
—Yo solo hago lo que me dice. —intervino Simon.
—Tu te callas. —le dije.
—¿Él es tu hermano pequeño? Simon, el chico inglés ¿verdad? —dijo ella— Y tu eres Daichi, el chico japonés.
—¡Exacto! —dijo Simon. Al parecer pasa de hacerme caso.
—Ah, ya. —la chica agachó la cabeza para saludar. Me di cuenta que aquí tienen algunas costumbres japonesas— Mi nombre es Marina. Encantada de conoceros.
Simon y yo le devolvimos el saludo. Marina levanto la cabeza y dijo:
—A propósito, Ryu os está buscando. —dijo— Será mejor que vayáis, a ver qué quiere.
Me despedí de Marina y me dirigí hacia la habitación donde conocí a Ryu, mientras pensaba por el camino en Marina. “Parece una buena chica, será fácil llevarme bien con ella pronto”, me decía a mi mismo.
Llegué a la habitación y Ryu estaba allí sentado en su silla. Se bajo de ella dando un salto y me dijo:
—¿Qué os parece la gente de aquí? 
Rápidamente, pensé en Alice y en Shimizu.
—Rara. Excepto Lily y Marina.
—¿Y yo?
—Bueno, no se... —nunca me habían preguntado acerca de qué pensaba sobre la persona que me hace la pregunta. Es un poco incómodo responder— ¿Por qué lo dices?
—Por que vas a tener que pelear contra mi.
Me sentí confuso y asustado. 
—¿Por qué yo? —pregunté nervioso, y Ryu se me acercó. Soltó una carcajada y me puso la mano en un hombro dando un golpecito.
—Es solo una pequeña prueba —sonrió— ¡No te asustes!
Al oír eso me calmé un poco. Me gusta Ryu. Demuestra que puedes confiar en él sin ningún problema, y con solo un gesto o una palabra puede tranquilizarte.
—¿Y Simon? —pregunté.
—Conmigo. —dijo una voz femenina que salía de una persona que acababa de entrar por la puerta. Era Lily.


30 ene 2015

Capítulo 4. U-Bahn Arc.

Ryu y yo salimos de la habitación. Lily ya no estaba, y Simon sólo miraba a su alrededor, esperando a que ocurriera algo. Simon se acercó a mi, como si fuera a decirme algo con entusiasmo. Yo ya sabía que hacer. Le dije que saliera a fuera conmigo, y no le respondí ninguna pregunta. Con el permiso de Ryu, salimos fuera.
Una vez en el exterior detuve un pequeño instante y miré hacia arriba. Pensé en el cielo que se podía ver en el planeta Tierra. Ambos cielos eran completamente iguales, casi daba la sensación de estar en nuestro planeta, pero yo estaba casi seguro de que no. Empezamos a caminar. Simon seguía haciendo preguntas, pero yo sólo respondía que esperase. No andamos mucho, por si acaso nos perdíamos, ya que todo esto era nuevo para nosotros.
Vi una zona con césped de un color verde chillón. Allí había unos pocos árboles de estatura intermedia, y un lago que parecía muy profundo, con diversos colores, cosa que no era de extrañar sabiendo que estamos en un mundo que vete tú a saber donde está.
Nos detuvimos allí, y nos sentamos en el césped.
-¿Vas a responderme ya o qué? -dijo Simon, sin molestarse en mirarme a los ojos.
-¿Qué te parece? -añadí, mirando al horizonte.
-¿El qué? -preguntó Simon con inseguridad.
-Todo esto. 
-Muy extraño.
Simon estaba asustado. Confundido. Estaba empezando a preocuparse, y se le veía con ganas de volver a casa y olvidar todo lo sucedido. Continuamos la conversación, aún sin mirarnos.
-¿Tu nuevo hogar te parece extraño?
-¿Cómo? -preguntó Simon asustado, girando su mirada hacia mi.
-Que tenemos que vivir aquí.
-Estas de broma... ¿verdad? -Simon estaba más asustado que antes.
Finalmente le miré a los ojos y observé su mirada entristecida.
-Por ahora, vamos a hacerle caso a ese tal Ryu, solo para ver como van las cosas, y para enterarnos más sobre qué hacemos aquí y cómo podemos volver.
Simon seguía confundido. Me preguntó acerca de lo que me dijo Ryu y se lo conté. Se le veía un poquito más calmado. Le puse el brazo sobre los hombros, como gesto de cariño, y le dije que todo saldrá bien.
Nos levantamos de allí y volvimos a la casa de Ryu caminando. Simon seguía un poco raro, e iba caminando pegado a mi brazo. Mientras caminaba, observaba las casas. No eran ni muy antiguas ni muy modernas. En la calle había gente normal, con la que te podrías encontrar en cualquier sitio, y las ropas que llevaban no eran diferentes a las de la Tierra, aunque quizás un poco más antiguas.
Nos encontramos con la casa de Ryu. La puerta estaba abierta, así que entramos sin avisar. De todos modos, ya nos conocen. Fuimos a la misma sala de antes, donde encontramos a Ryu, y ahí estaba, sentado en un trono altísimo.
-¡Hola, chicos! -nos dijo gritando, y se bajo del trono volando.
Al parecer, él también sabe volar. Lo mismo la otra gente de la calle que vimos antes también, pensé.
-Ryu... -dije seriamente- Aceptamos tu propuesta. Nos quedamos aq...
De pronto, la puerta se abrió y me interrumpió. Entró una chica  con el pelo despeinado y con cara de zombie. Cualquiera diría que se acababa de levantar.
-¡Tío, no os vais a creer lo que me ha pasado antes! -gritaba con una voz con sueño- He puesto la leche en el armario, ¡y el pijama en el frigorífico! Madre mía, estoy fatal.
Ryu, Simon y yo nos quedamos con cara de sorprendidos. Al parecer también vivía allí.
-¡Alice, no es el momento! -le dijo Ryu.
-¿Qué pasa? -seguía con sueño y no era muy consciente de la situación- ¿Quiénes son esos? ¿Te has echado novios? Si ya lo sabía yo, tienes más pluma que una gallina.
Ryu estaba como si fuera a darle una patada para echarla de ahí y que se fuera volando, pero se contuvo. Ya estaba acostumbrado a todas las tonterías que decía.
-Chicos, esta es mi hermana menor -dijo mirándonos- Alice King. No le hagáis mucho caso, es un poco tonta.
Alice era una chica alta, de la misma edad que Lily. Tenía el pelo negro, al igual que su hermano, y largo, y los ojos verdes oscuros. Al parecer es muy dormilona, porque despertarse a las 5 de la tarde no es muy común, al menos en la Tierra.
-¿Cuántas personas viven aquí? -pregunté. Tenía mucha curiosidad por saberlo.
-¡Aquí vive todo el equipo B! Es como nuestra base. -contestó Ryu.
No sabía que decir en ese momento, pero Ryu me explicó que en Irokai había dos equipos que combatían: el equipo A, que era el más fuerte de los dos y con gente más mayor; y el equipo B, que eramos nosotros.
Alice salió a buscar a Lily, su mejor amiga. Ryu se quedó con nosotros. Nos llevó a la sala donde me explicó todo eso, y la iluminó abriendo las ventanas. Era una sala muy bonita, grande y acogedora. Había dos camas: una en la esquina inferior izquierda y otra en la esquina superior derecha. También dos escritorios y dos armarios al lado de cada cama. Esa sería nuestra habitación. La habitación de Ryu estaba al lado.
Nos permitió visitar la casa, entrar a las habitaciones y presentarnos con las demás personas que residían en ella. Sin embargo, Simon y yo no podíamos sacarnos de la cabeza una cosa: ¿qué hacemos aquí y por qué?
Fuimos avanzando por los pasillos y oí un bajo sonando en una de las habitaciones. Entramos en ella. Era Lily. Estaba tocando un bajo, y se le daba muy bien. Me acerqué a ella, mientras que Simon se quedó en la puerta.
-Qué bien suena. -le dije.
Lily se asustó, porque no había notado que habíamos entrado. Se giró y me dijo gracias.
-Yo también toco un instrumento -dije-. La guitarra. Pero estoy empezando y no se mucho.
-¡Oh, genial! -me dijo Lily asombrada- Podría llevarte luego a alguna tienda de música y te compras una para que toques aquí.
-¿En serio? -pregunté sorprendido.
-¡Claro! Luego te llevo. -me dijo con entusiasmo- Me encantaría oírte tocar.
La miré a los ojos e hice un gesto de afirmación con la cabeza. Me despedí y Simon y yo seguimos caminando por la casa, para ver qué nos encontrábamos.
Ahora lo que escuché fue música electrónica. Abrí un poquito la puerta de la habitación en la que sonaba esa música. Era la habitación de Alice. No miré mucho, pero lo único que vi fue todo desordenado. Alice no notó nuestra presencia así que cerré la puerta y nos fuimos. Mejor no molestarla.
Cuando me giré vi una chica caminando. Llevaba un vestido rosa y blanco muy bonito de manga larga y con guantes. Parecía una muñeca antigua. Eso es lo que más llamaba la atención en ella. Tenía el pelo corto y de color café, y los ojos de color rosa, y parecía más pequeña que yo, como de 12 o 13 años. Se detuvo cuando nos vio y no dijo nada por un momento. Yo tampoco sabía que decirle. ¿Acaso esa niña sería del equipo B? Me pregunté como sería la gente que conocería en este lugar.